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miércoles, 5 de noviembre de 2025

¿Quién era "Segundo Holmes"?

 Texto publicado en la revista de San Juan, 2025

¿QUIÉN ERA “SEGUNDO HOLMES”?

         Es uno más de esos libros que uno encuentra en las librerías de viejo, desgastados por el tiempo y las mudanzas quizá más que por el uso. Se titula La gente del hampa y está escrito por don Segundo Holmes con ilustraciones de Arejula. Ambos, al estar escritos entre comillas, parecen ser seudónimos. Es de 1930 y la editorial es Lux. En la portada aparece un dibujo a color. Dos individuos, uno con gorra roja y otro con sombrero negro, atracan a un tercero, con chistera y aspecto de ricachón. El ladrón del sombrero lleva en su mano izquierda una enorme navaja. De fondo, la puerta de una casa con jardín, que puede ser la del mismo atracado. El índice nos informa de que hay un prólogo, que consiste en una entrevista con un ladrón, y cinco partes, las cuatro primeras dedicadas a distinto tipo de delincuencia (“Delincuentes del hurto”, “Delincuentes de robo”, “Delincuentes de estafa”, dentro de la que está “El timo de la guitarra” o “El timo del entierro”, y “Delincuentes de falsedades”). La quinta parte trata temas diversos, como la jerga de la gente del hampa o la identificación y la dactiloscopia.

Es difícil saber quién se esconde detrás de don Segundo Holmes (ni siquiera el ChatGPT lo sabe), pero no estaría escribiendo este artículo si no lo supiera y si no fuera alguien vinculado a nuestro pueblo. Se trata de Miguel Nieto Paños, conocido entre nosotros por su historia de Navas y de quien hemos hablado en varias ocasiones en estas páginas y en las de Stella. La prueba principal y definitiva la encontramos en la Gaceta de Madrid (antiguo BOE) del 11 de agosto de 1933. Entre las obras inscritas en el Registro general de la propiedad intelectual correspondientes al tercer trimestre de 1932 aparece La gente del hampa, “por Miguel Nieto Paños, con el seudónimo de “Segundo Holmes”, del texto, y con el de “Arejula”, de las ilustraciones”. La publicación que consta es la de Núñez y Compañía, 1929, Barcelona, lo que apunta (por otros datos con los que no aburriré al lector) a que esta empresa imprimió el libro para la editorial Lux y que tal vez hubiera una segunda edición en 1930.

No es de extrañar, pues, que volvamos a encontrar este seudónimo y estos temas en distintas conferencias dadas en Radio Barcelona en 1926 y 1927. Recordemos que Miguel Nieto dirigió la parte literaria de esta emisora. Si a eso sumamos que, junto con su hermano Antonio, había ganado en 1911 las oposiciones al Cuerpo de Vigilancia (la rama civil y de paisano de la policía gubernativa, encargada entre otras cosas de la prevención y represión del delito y de la vigilancia de sospechosos y delincuentes), la cuestión tratada en el libro no quedaba lejos de sus intereses. Y una cosa más. Sospechamos, como hemos visto en otros artículos sobre él (en Stella, 2016 y Stella, 2023), que pudo estar detrás del seudónimo “Tirso” y de la figura de Mercedes Fortuny.

En otra ocasión hablaremos de la fortuna de este libro tras su publicación, las reseñas que lo comentaron, la publicidad que obtuvo y el precio a que se vendía. Solo queda preguntarse si este policía escritor que tan celosamente se escondió detrás del detectivesco seudónimo de Segundo Holmes consideró que había pistas suficientes para que un siglo después un paisano suyo lo desenmascarara.

 

Juan Fernando Valenzuela Magaña




jueves, 10 de abril de 2025

El cuento no premiado de Miguel Nieto

Texto publicado en la revista de San Juan de 2022 


EL CUENTO NO PREMIADO DE MIGUEL NIETO

 

         No hay concurso, certamen, prueba, oposición o competición sin sospecha de injusticia cuando no de trampa o amaño. En el siglo XVII don Quijote cuestionaba las justas literarias al decir que el primer premio se da en función del “favor o la gran calidad de la persona”, mientras que el segundo es de “mera justicia”.

         El jueves 8 de marzo de 1906 El Liberal publicaba el fallo del concurso de cuentos que había organizado el propio periódico. Los miembros del jurado (Armando Palacio Valdés, Vicente Blasco Ibáñez y José Nogales) repartieron el primer premio entre cuatro trabajos, uno de ellos, titulado “Un ejemplo”, correspondiente a Valle-Inclán. Además recomendaron la publicación de otros cuatro. Entre los 922 participantes restantes se hallaba nuestro paisano Miguel Nieto, que había publicado tres años antes una Historia de las Navas de San Juan y que colaboraba en El Día, en cuya redacción trabajaba. El 19 de marzo aparece en este periódico el cuento rechazado, titulado “La canción del poeta”, indicándose que el excesivo número de trabajos “ha debido ser un obstáculo para la acertada selección”, dados los escasos miembros del jurado y el poco tiempo de que disponía (de hecho, el 28 de febrero se anunció el aplazamiento del fallo a instancias del jurado). El Día añade que publica el texto no como protesta, “que sería justificada en parte”, sino para que los lectores “aprecien como se merece” la tarea literaria del autor, cuya prosa es “siempre castiza y amena”.

Pero la publicación en la prensa diaria debió dejar insatisfecho a Nieto, porque en mayo de ese mismo año de 1906 tenemos ya a la venta un libro de unas cien páginas titulado Cuentos presentados en el concurso de El Liberal, con cinco no premiados, entre los que se halla “La canción del poeta”. He encontrado tres referencias a él. Una, repetida muchas veces, en El Globo, que es más bien una nota publicitaria. Otra, en El País de 27 de mayo, donde se dice que algunos de los cuentos del libro pueden codearse con los premiados, salvo con el de Valle-Inclán (la reseña parece atribuir el primer premio exclusivamente a este escritor, contra lo que hemos visto en el fallo), se defiende al jurado (“no cometió grande injusticia”) y se admite que estos trabajos “no merecían quedar inéditos” y “son casi todos agradables”. Por último, en la revista Nuestro Tiempo hay una dura reseña firmada por Andrés González-Blanco que, a la vez que despotrica contra los concursos, califica de “cuentuchos insignificantes” los del libro y acaba extrañándose con sarcasmo de que los trabajos de “esta piña de autorzuelos” no hayan sido premiados en público concurso.

No sé de cuántos ejemplares sería la edición, pero al menos uno ha sobrevivido al paso del tiempo. Su poseedor le ha puesto un precio de 70 euros, unas 11 650 pesetas. Cuando salió a la venta, hace 116 años, valía una.

JUAN FERNANDO VALENZUELA MAGAÑA

Mercedes Fortuny y Miguel Nieto

Texto publicado en la revista Stella de 2023


MERCEDES FORTUNY Y MIGUEL NIETO

 

            Lo que más me atrae de la figura de Miguel Nieto es que siempre encuentro algo sorprendente sobre él. Fue lo bastante conocido en su tiempo para que, un siglo después, encontremos referencias en la prensa de la época o en estudios sobre los orígenes de la radio. Pero a la vez hace tantos años de ello y sus obras han sido tan olvidadas que no es fácil reconstruir con claridad su itinerario vital. ¿Tal vez la familia conserve unas memorias nunca publicadas? Quién sabe. Eso exigiría una investigación seria, que buceara en archivos y hablara con descendientes de su hermano Antonio. Yo solo he curioseado en hemerotecas digitales y he seguido pistas con talante más detectivesco que académico. En esta misma revista y en la de San Juan pueden consultarse algunos hallazgos. Hoy añadiré el más inesperado de ellos.

          

         Eran las siete de la tarde de un día de finales de noviembre del año 1950. En Radio Barcelona nacía un programa que yo llegaría a conocer a principios de los ochenta, el Consultorio de Elena Francis. Se trataba de un espacio en el que se daba respuesta a las cuestiones que las radioyentes (pues era un programa femenino) planteaban por carta, y que iban desde asuntos de cocina, jardinería, salud o belleza hasta problemas sentimentales. Pese a lo que la gente creía, Elena Francis no existía. Un equipo de guionistas, y desde 1966 uno solo, se encargaba de redactar las respuestas a las consultas. En esa primera emisión, el programa se presentó como sucesor de Radiofémina de Mercedes Fortuny.

         Radiofémina, el consultorio de la escritora Mercedes Fortuny, comenzó en Radio Barcelona en 1930. Por aquel tiempo Miguel Nieto dirigía las emisiones literarias y dramáticas en esa emisora. La estructura de Radiofémina constaba de varios bloques temáticos, con distintos colaboradores literarios que escribían sus secciones, leídas habitualmente por Carmen Martínez Illescas, primera actriz de la emisora. Además de responder a las preguntas sobre temas femeninos, había un artículo de fondo, una parte literaria con trabajos en prosa y verso de mujeres, noticias de sociedad, etc. En diciembre de 1932 el programa desaparece. Volvemos a encontrarnos con Mercedes Fortuny en 1935 como responsable de unas «Crónicas para la mujer» en la Emisión Fémina de Unión Radio Madrid.

Tras la guerra civil, Radiofémina y Mercedes Fortuny reaparecen en Radio Barcelona el 1 de octubre de 1941. Desaparece en los primeros meses de 1947 y es sustituido en octubre de ese mismo año por el programa Ella, un magacín con diferentes espacios que dura hora y media. Uno de ellos, que consistía en un comentario sobre temas diversos, corre a cargo de nuestro Miguel Nieto. Hay otro, “El noticiero de matrimonio”, que unas veces firma Nieto y otras Mercedes Fortuny.

         ¿Qué tiene que ver Miguel Nieto con estos consultorios femeninos, más allá de esas coincidencias señaladas con Mercedes Fortuny? A decir de dos investigadores, Armand Balsebre y Rosario Fontova, Mercedes Fortuny nunca existió. Eso no sería raro, ya hemos visto que también Elena Francis era un ser ficticio. En el periodismo y la literatura de la época era común el uso del seudónimo. Pero ahora viene el sorprendente hallazgo: “podríamos pensar que detrás del seudónimo de Mercedes Fortuny estuvo en realidad el novelista, dramaturgo, libretista y autor de muchos cuentos y poemas Miguel Nieto”. Ellos se basan en dos elementos: la evolución de ambos nombres en Radio Barcelona y “la semejanza gráfica de sus respectivas rúbricas en los guiones consultados”. Habría otro argumento en que ellos no reparan. Nombran a tres escritoras colaboradoras de Radiofémina que también parecen ficticias. Una de ellas, que apuntaría a la presencia de Miguel Nieto detrás de todo esto, es la baronesa de las Navas (aunque los investigadores hablan de “la condesa de las Navas”, las referencias que yo he encontrado le dan el título de “baronesa”).

         Si todo esto es cierto, Miguel Nieto tuvo que trasladarse a Madrid tras terminar en el 1934 su etapa como director de las emisiones literarias y dramáticas de Radio Barcelona. En enero de 1935, el diario La Vanguardia dice que «Mercedes Fortuny cesó en Radio Barcelona para irse a Madrid, donde seguirá por correo su Consultorio Femenino» desde un domicilio particular. En la programación de Unión Radio Madrid de un día de mayo de 1935 localizo a Mercedes Fortuny como responsable de «Crónicas para la mujer» en el programa Emisión Fémina. En un periódico de 24 de julio de 1936 aparece todavía esa sección, lo que apunta a que Miguel Nieto seguía en Madrid al comienzo de la guerra. Tras ella, según hemos visto, lo situaríamos en Barcelona en los años cuarenta.

         Retomemos a Elena Francis. En su primera emisión (recordemos: noviembre del 50) se habla de «nuestra llorada Doña Mercedes Fortuny (q.e.p.d.), de tan grata memoria». El magacín Ella había sido su último programa. También el de Miguel Nieto.

 

JUAN FERNANDO VALENZUELA MAGAÑA

           

            

domingo, 9 de septiembre de 2018

Un artículo sobre Miguel Nieto

Artículo publicado en la revista de San Juan de 2018



LA ORIGINALIDAD DE MIGUEL NIETO EN EL DESENLACE DE UNA FAMOSA OPERETA

            El nombre de Miguel Nieto está asociado en nuestro pueblo a una calle, a una historia de Navas de San Juan y a una fotografía de 1927 en el patio de Abilio Sanz. Los lectores de esta revista y de Stella tal vez recuerden además que fue un articulista en el Madrid de comienzos del siglo pasado, un escritor de teatro y un colaborador de la radio cuando este medio daba sus primeros pasos, trayectoria que le valió el homenaje de su pueblo del que deja constancia la aludida fotografía.
            Una paciente búsqueda en la prensa de la época me ha suscitado la impresión de que don Miguel centró su actividad literaria en artículos y cuentos a principios del siglo XX para pasar después a destacar como dramaturgo y terminar su carrera con textos para la radio. De la primera etapa destacamos hace dos años un cuento que parecía basado en nuestras fiestas de San Juan. Vamos en esta ocasión a fijarnos en una obra de ese segundo periodo, dedicado al teatro.
            Hace un siglo, en mayo de 1918, la revista jiennense Don Lope de Sosa informa: “En Barcelona ha estrenado una opereta en tres actos, en colaboración con D. Gonzalo Cantó, el distinguido escritor y autor dramático, nuestro comprovinciano D. Miguel Nieto. El título de la obra es “Bella-Flor” y el estreno ha sido un éxito franco y sincero. La obra fue presentada con gran lujo. Miguel Nieto marcha por el camino de los triunfos a grandes pasos”. La revista ya se había hecho eco el año anterior de otros dos estrenos de nuestro escritor: en febrero de la comedia El mejor marido (en colaboración con Ramón Portusach) y en junio de Los castizos.
            La opereta “Flora Bella” (así aparece el título en La Vanguardia) se estrenó el día 4 de mayo de 1918 en el Teatro cómico. El periódico la anunciaba como un “éxito mundial”. En efecto, la obra no era original de Gonzalo Cantó y Miguel Nieto, sino que se trataba de una creación alemana que se había representado en Munich en 1913 y, adaptada al inglés, en Nueva York en 1916, donde tuvo un gran éxito (112 representaciones). La música era de Cuvillier, un compositor francés de gran éxito. Los franceses intentaron llevarla a la escena ya en 1913, con la bella Otero en el papel principal. Sin embargo, tal hecho no ocurrió hasta el último día de 1920, con Geneviève Vix en el papel de Florabella. De modo que en España sería representada antes que en Francia.
El argumento, al menos el que nos consta por la versión francesa, es el de un príncipe ruso que acaba de casarse con una gran dama española sin sospechar su verdadero origen. El príncipe se cansa de la circunspección de su mujer y se obsesiona con una bailarina de gran parecido con ella a la que ha visto en una fotografía traída de París. Se le dice que se trata de una hermana de la princesa, llamada Florabella. Hasta aquí el primer acto. En el segundo, vemos al príncipe en París, locamente enamorada de su supuesta cuñada. Se encuentra con sus amigos de Rusia como por azar y se desarrollan divertidas peripecias. En el tercer acto la princesa y Florabella, que no son sino la misma persona, confiesa al príncipe su estratagema para hacerse amar por él y le pide continuar su vida feliz, olvidando el pasado.
 Ahora bien, tenemos motivos para pensar que Cantó y Nieto le dieron un giro sorprendente a la obra, siempre en el supuesto de que esta versión francesa respetara el argumento original. Y es que, a raíz de una representación en Madrid en 1921, nos enteramos por el ABC de que los dos primeros actos habían sido traducidos, pero el tercero había que atribuirlo a la pareja de autores. También nos informa de la repetición de un terceto cómico del segundo acto interpretado “con mucha gracia” por Sinda Martínez, Carmen Ortega y Mariano Ozores. El doble papel de princesa y artista frívola lo hacía Luisa Puchol. (Aquí señalaré un guiño del azar. Ozores y Puchol pertenecerían al reparto de El rayo, una película de 1936 basada en la obra homónima de Muñoz Seca y López Núñez, ambientada en Navas de San Juan, y que Francisco Juan Rodríguez Oquendo y Belén Garrido Palazón editaron y estudiaron en el año 2000).
La crítica de Guillermo Fernández-Shaw en Las Provincias nos aclara la intervención de Cantó y Nieto. Después de decir que la música no pasaba de agradable, pero que el libreto estaba bien y la interpretación fue más que excelente, nos habla del final de la obra: “El desenlace, volviendo el Príncipe a su mujer, pero sin que se haya deshecho el equívoco y sin que su marido sepa, por tanto, que ha sido víctima de una sencilla estratagema, sorprendió algo al auditorio. El final que la obra tiene es el natural; pero al público le gusta que no queden cabos por atar, y como aquí no se atan todos, le faltaron cosas, y recibió la sensación de que la obra acababa demasiado rápidamente”. No obstante, aplaudió “sinceramente complacido” y elogió, como la crítica, la labor de los adaptadores, “el veterano en estas lides don Gonzalo Cantó y el brillante escritor y periodista don Ernesto Nieto” (como se ve, hay un error al nombrarlo “Ernesto” y no “Miguel”).
Así pues, Miguel Nieto y Gonzalo Cantó adaptaron una exitosa opereta para la escena española cambiándole un final convencional por otro más arriesgado en el que los cabos sueltos, como en la vida, dejan al espectador sumido en una pensativa desazón.

                                   JUAN FERNANDO VALENZUELA MAGAÑA





lunes, 18 de julio de 2016

Un artículo de Miguel Nieto en El Día (Revista de San Juan, 2016)

UN ARTÍCULO DE MIGUEL NIETO EN EL DÍA

            A principios del pasado siglo, Miguel Nieto intentaba abrirse camino en el mundo literario madrileño. “Tú que no desconoces mis luchas literarias en este Madrid, comprendes mejor que nadie el verdadero calvario que cuesta la confirmación de un nombre en el mundo artístico”, le escribía a su hermano Antonio en agosto de 1903. Unos meses después, aparece un artículo suyo en El Día, el primero que he localizado con su firma en ese periódico. Se titula “Tiros al blanco” y analiza en él un soneto de los Álvarez Quintero, que no salen bien parados. El 29 de febrero de 1904 descubrimos que el título no es de un artículo sino de una serie, pues vuelve a titular así el que dedica a un joven Juan Ramón Jiménez, del que sugiere que malemplea su talento en la escuela modernista, que Miguel Nieto conoce, entre otras cosas, por la “pléyade interesante de jóvenes sensitivos”, “de rostro nenúfar aceitunado”, “de barbas hirsutas y bigotes ralos, y de extraña y vetusta indumentaria” que se reúnen en el café que él frecuenta.
            El resto de los artículos de El Día que he podido encontrar tienen ya título específico, aunque algunos están dentro de la categoría de “Crónica”, “Cuento” o “Impresiones de viaje”. Me voy a detener en uno que, aunque no aparezca bajo el sello de “Cuento”, parece a todas luces serlo. Apareció el sábado 12 de noviembre de 1904. Su título es “Sacrificio” y, si no me equivoco, es una recreación de las fiestas de San Juan en las Navas del último cuarto del siglo XIX, que le sirven de marco para una truculenta historia de amor y muerte. Así comienza el cuento (respeto la ortografía original):

                La existencia monótona y patriarcal del pueblecito andaluz donde pasé mi infancia, se alteraba pocas veces al año; pero entonces, la vida despertaba pujante, y los gritos alegres y las canciones libres y las músicas morunas resonaban en sus fiestas tradicionales, como si la alegría hubiera dado impulso á aquellas naturalezas aplanadas por el trabajo.

            A la “difusa luz de la tarde, que terminaba”, tiene lugar el encierro de las reses que al día siguiente se lidiarían “en la plaza grande”. La descripción que hace del encierro tiene elementos interesantes:

            vieron desfilar la muchedumbre en frenética carrera, semejando legión de locos ó de condenados. La gritería era enloquecedora: llantos de niños, chillidos de mujeres, voces de hombres, carcajadas (…). La gente se parapetaba tras las esteras que obstruían las callejas transversales, enmudeciendo al tomar sus posesiones. Hubo un momento que el silencio fue general; pero cuando las reses traspasaron los primeros callejones, los curiosos formaron su retaguardia, prosiguiendo de nuevo la algarabía, hasta hacerse otra vez potente y atronadora.
           
            Imagino que así eran los encierros en nuestro pueblo hace más de un siglo, y así se esperaba para la lidia:

                La plaza grande del pueblo presentaba un aspecto desusado al siguiente día. Próximos á las paredes, veíanse toscos andamios donde la gente aguardaba paciente el comienzo de la lidia; en los balcones, las mozas con sus trajes humildes y abigarrados, eran la genuina representación de la hermosura enérgica y poderosa del país de la luz y de la alegría; las puertas hallábanse obstruídas con sencillas barreras hechas de pinos, y las cuatro bocacalles con altos antepechos, sobre los cuales se habían construído espaciosos tablados que amenazaban derrumbarse al peso de tantas personas que los ocupaban; alrededor del pilar de la fuente, los mozos tomaron posiciones, dispuestos á arrojarse al agua cuantas veces se vieran acosados, y por todos los ámbitos de la plaza corrían y se atropellaban jóvenes y viejos, mujeres y niños.

            Las reses son capeadas y recobran su libertad, salvo una:

            al dar muerte al toro, único que se sacrificaba, á tiros, según costumbre inveterada, el encargado de ello quedó inmóvil, juzgando certera su puntería, intervalo que aprovechó la res para llegar á él, en las ansias de su agonía y cornearlo horriblemente.
           
            La historia, he advertido, era truculenta. A nosotros nos interesan aquí esos aspectos que, el historiador dirá, se ajustan o no a la manera de desarrollarse los encierros y lidias de aquellas lejanas fiestas de San Juan.
           

            JUAN FERNANDO VALENZUELA MAGAÑA


miércoles, 25 de mayo de 2016

El pan del banquete

 El pan del banquete, cuento a partir de un banquete en Navas en 1927, fue publicado en la revista Stella 2016

 

EL PAN DEL BANQUETE

            Como Juan José y Estrellica querían saludar a los hermanos Nieto, lo han dejado solo al cuidado del despacho de pan. La ausencia de clientes en ese momento y la curiosidad de sus doce años lo llevan a entreabrir la cortina y asomarse a la calle. Aunque todavía es pronto, algunos invitados se dirigen ya a la cercana casa de don Abilio Sanz, en cuyo patio tendrá lugar el banquete que homenajea a don Miguel y don Antonio, dos hermanos que vivieron en el pueblo antes de que él naciera y de los que ha oído hablar mucho. Ambos ganaron en 1911 las oposiciones al Cuerpo de Vigilancia, y el primero es una pluma consagrada que dirige la parte literaria de Radio Barcelona. El mundo está cambiando muy deprisa, aunque al pueblo sólo llegan los ecos de ese adelanto. La radio es un invento que apenas lleva tres años funcionando en España, y que permite oír la música o las palabras emitidas desde una estación situada en Madrid o en Barcelona. Lindbergh acaba de ganar veinticinco mil dólares por volar en su Spirit of St. Louis desde Nueva York a las cercanías de París y se habla de un invento que permitiría ver lo que está ocurriendo en un lugar distante, llamado televisión.

            El alcalde y el prior pasan intercambiando impresiones:

         ―Sí, don Francisco, sí. El ayuntamiento quiere colaborar con el proyecto de Alfonso XIII de la Ciudad Universitaria. Ya hemos acordado encabezar una suscripción dando cincuenta pesetas.

―Lo sé, me lo dijo don Mateo. Él personalmente ha dado 100. En cuanto al banquete  ―dice el prior tras una pausa ―, creo que sería buena idea dedicarles una calle a los hermanos Nieto, como se ha hecho con Ramón y Cajal. Podría ser la misma donde vivieron.

―Me parece bien. Y también que los nombráramos hijos adoptivos.

           

            Se ha sentado en una silla tras la cortina. El cansancio se echa sobre él de repente, como una ola formada a sus espaldas desde que se levantara de noche para ayudar a hacer pan en una jornada especial debido al banquete-homenaje a los hermanos Nieto. En duermevela, le llegan desde la calle jirones de conversaciones de gente que pasa.

            ―Cuando don Miguel se fue a Madrid a hacerse un nombre literario, fue cronista del periódico El Día. Guardo algunos recortes de sus crónicas y cuentos: Lance de amorSacrificio, donde recrea las fiestas de San Juan…

            ―Yo tengo un ejemplar de su Historia del pueblo.

            ―Lo escribió en esa época, sí. Siempre ha amado las Navas. En ese periódico que te digo publicó un artículo titulado Navidad donde evoca la iglesia y las calles nevadas…

            ―También hizo a la Prensa un llamamiento para que ayudaran a los huérfanos del capitán Bonet…

            ―Hola, don Miguel. Hablábamos de su etapa en El Día y acabo de recordar que ocurrió algo con un cuento suyo que presentó a un concurso… ¿no?

            ―¡Ah, los sinsabores del mundillo literario…! Hace tanto de eso… Lo que pasó fue que presenté un cuento a un premio literario convocado por otro periódico, El Liberal. El cuento se titulaba La canción del poeta, y no estaba del todo mal. Salió publicado en El Día, junto al acta del duelo de don Rodrigo Soriano con, ¿adivinan?, el mismísimo don Miguel Primo de Rivera, lo que son las cosas. Pero el jurado, en el que recuerdo que figuraba Blasco Ibáñez, era insuficiente para el número de trabajos presentados (más de novecientos). Sospecho que no llegaron a leerse ni mi cuento ni el de otros escritores como Manuel Lagos o Jorge Sanz. Sí el de Valle-Inclán, que fue premiado. Por eso unos cuantos publicamos un libro con nuestros textos… ―hay un silencio dubitativo, que don Miguel resuelve añadiendo―: que fue, por cierto, muy criticado por un tal Andrés González-Blanco, que nos llamó autorzuelos. Ya digo, el mundillo literario de entonces y de siempre… Pero debo dejarlos, ahora nos vemos en la comida.

―Si hubiera sido un autorzuelo ―continúa una de las voces mientras se oyen alejándose los pasos apresurados de don Miguel― no hubiera luego escrito aquel entremés tan sabroso con José Aguado titulado Al aire libre, y que estrenó en el Teatro Tívoli de Barcelona.

―O el sainete Los castizos.

―Sabe mucho de teatro. Este año ha hablado en la radio de los hermanos Quintero y de Benavente.

―Algo le habrán influido aquellas gloriosas veladas teatrales que hacíamos de jóvenes.

 

            Entra Juan José a la panadería y el muchacho, quitándose delantal y gorra, se despide de él y se marcha trotando a su casa. Al pasar junto a la fuente de la Plaza de la Constitución, ante el ayuntamiento en obras, se encuentra con la figura enjuta de don Miguel, esta vez acompañado de su hermano, de Enrique García el de la tienda, de Luis Rojas y del prior.

―Sí ―va diciendo―, pertenezco al Comité artístico de emisiones, que preside Luis Soler. Se creó cuando la estación se trasladó el año pasado al Tibidabo. La radiotelefonía es una especie de universidad popular, pero interesa también al docto. Manuel Machado cantó sus versos en Radio Ibérica. En “Nuestros grandes poetas”, he hablado de Gabriel y Galán, de Bernardo López García, de Núñez de Arce, de Espronceda. Vicente Rafart recitaba sus poemas. En Radio Barcelona retransmitimos la ópera Carmen entera, con Fleta y Giuseppina Zinetti, así que ya veis lo que el invento da de sí.

―Parece que el teatro de los hermanos Quintero gusta mucho ― interviene el prior.

―Así es ―contesta don Miguel―, tiene mucha presencia en nuestra programación. ¿Y qué me dices de lo estupenda que es la radiotelefonía para los pequeños? Nosotros tenemos a Toresky, que se ha inventado un personaje llamado Miliu, que hace las delicias de los niños catalanes. Hace dos años dio la campanada con un concurso en el que leía dos partes de un cuento y los niños tenían que adivinar la tercera. El que más se acercara a la ideada por el autor, obtenía un juguete valorado en 25 pesetas. No es sólo él, tenemos mucha gente buena: la señorita Salús, la actriz Rosa Cotó, el actor Miret…

―Y los speakers… ―dice el prior acentuando con sorna el barbarismo―.

―Sí, la Academia de la Lengua quiere sustituir esa palabra por locutor, pero modestamente creo que se equivoca. El speaker sólo anuncia a los que intervienen en los programas radiofónicos, habla sólo lo necesario, y no es esa la idea que transmite el vocablo locutor.

― Se ha propuesto también hablador ―tira de la lengua el prior.

       ―Así se llamaba a los que explicaban las escenas en los comienzos de la cinematografía. Pero no, esta palabra tampoco define lo que hace el radio-anunciador. ¿Se le ocurre a usted alguna, don Francisco?

―Pues yo propondría relator, del latín relator. Tiene dos significados, uno de ellos “que relata o refiere alguna cosa”, y pienso que se le podría añadir el de este radio-anunciador del que hablamos.

  ―¿Verá usted a mi hermano Juan de Dios? ―cambia de tema Luis.

―Sí, será quien lea en la radio mi cuento Alma andaluza. Pero ya le avisaré, antes he de terminar un drama en el que adapto la novela Carmen, para un radioteatro.

            Y el muchacho encamina sus pasos a la calle del Risquillo, donde lo espera la comida.

 

            Pese al calor de la siesta, el muchacho ha salido a la calle y sus pasos curiosos lo han llevado a la puerta entreabierta de la casa de don Abilio. Se asoma con prudencia. Del patio llega una voz que recita:

        

                            Su recuerdo me alienta cuando desmayo;

                        para mis cobardías es sol de Mayo

 

            El muchacho se ha asustado al notar a sus espaldas a un hombre que le pide permiso para entrar. Es el fotógrafo, que pasa con sus aparejos y grita un inútil se puede ahogado por los aplausos que vienen del patio. Gracias a él, esos hombres nos miran detenidos en un instante de julio de 1927.

            Pero sus vidas continuaron en años inciertos. Miguel Nieto siguió participando en la radio barcelonesa. Debió de sentirse muy orgulloso cuando poco después les dedicaron una calle en el pueblo a los dos hermanos. En octubre de 1932 marchó a Zamora para tomar posesión del cargo de Inspector de Vigilancia de esa capital, lo que le obligó a dejar su puesto de director literario de Radio Barcelona. Pero el 23 de noviembre fue trasladado de nuevo a la capital catalana. La última referencia que he encontrado de su trabajo en la radio es de 1934, como director de un sainete radiado de Arniches titulado El último mono en el que intervenía Rosa Cotó y Carmen Illescas. Se jubiló en 1939 como inspector del Cuerpo de Investigación y Vigilancia. En febrero del 46 estrenó en el Teatro Victoria un sainete titulado Manolo Gracia, con música de Luis Gimeno. Lo último que sé de él es dudoso: en un artículo especializado alguien sospecha que estaba detrás del seudónimo Tirso, con que se hacía una crítica de la representación en Oviedo de una obra de Ruiz Iriarte en julio del 48.

            El proyecto de la Ciudad Universitaria continuaría en tiempos de la República, y gracias a un joven arquitecto y un filósofo jienense, García Morente, se inauguraría una moderna y legendaria Facultad de Filosofía y Letras en la que estudió uno de los niños asistentes al banquete.

            Y en cuanto al muchacho curioso de la panadería, tendría tres hijos después de la guerra, y uno de sus nietos, casi noventa años después, imaginaría en Lucena aquel jueves de julio de 1927.

Juan Fernando Valenzuela Magaña