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jueves, 10 de noviembre de 2022

Dos reseñas en El Ciervo

    Reseña del libro de Santiago Martín Arnedo La tentación del silencio, publicado en Comares, en el número de mayo/junio de la revista El Ciervo.



    
Reseña en el número de septiembre/octubre de la revista El Ciervo acerca del libro de José María Herrera La tumba de Dios (y otras tumbas vacías) editado en Turner.



miércoles, 10 de julio de 2019

Reseña en Claves de Razón Práctica

   En el número de Julio/Agosto de 2019 de la revista Claves de Razón Práctica, hay una reseña mía sobre el libro Los archivos de Alvise Contarini, de José María Herrera.

lunes, 6 de mayo de 2019

Un día esperado


Artículo aparecido en el Jaén el lunes, 6 de mayo de 2019

UN DÍA ESPERADO

            Todo el mundo hablaba hace unos días de ello, la fecha tan esperada iba a llegar. Algunos ya habían elegido, otros estaban indecisos. Algunos incluso se habían adelantado, otros preferían hacerlo la misma jornada. Me refiero, claro, al día del libro, el 23 de abril. Las ocasiones y las ofertas proliferan entonces y uno aprovecha el descuento para llevarse la presa apetecida. Es sabido que la fecha homenajea a Cervantes y a Shakespeare, fallecidos el 23 de abril de 1616. Sin embargo, hay quien no conoce que, muriendo el mismo día, no murieron el mismo día. La paradoja se disipa si se tiene en cuenta que había un pequeño desfase entre el calendario inglés y el español. El 23 de abril en Inglaterra, el día que murió su dramaturgo, en España estábamos a 3 de mayo.
            Permítaseme, pues, hablar hoy de un libro. En concreto, de un libro sobre Venecia.
            En las páginas que Proust dedica en La fugitiva a esta ciudad, observa que cualquiera de nuestros deseos acoge, como un acorde único, las notas fundamentales de nuestra vida. Esa referencia al deseo y al acorde en el contexto de Venecia nos deja en las puertas del libro de José María Herrera que quiero comentar, aparecido el año pasado en Los libros de fronterad y titulado Los archivos de Alvise Contarini. Pues como un deseo, en efecto, el libro es un acorde único integrado por diferentes notas. Cada capítulo (incluyamos el prefacio) está escrito con un estilo propio. El narrador empieza contándonos cómo conoció a Contarini, un erudito veneciano, y la intención de recopilar sus dispersas aportaciones a la historia de Venecia. Tal tarea la realiza a lo largo de diez capítulos en los que se expone desde una conferencia de Contarini analizando un cuadro de Carpaccio hasta una lección impartida a unos niños con el objeto de explicar por qué hay siempre flores frescas sobre la lápida de Monteverdi. La variedad de todas esas notas da lugar a un acorde llamado Venecia.
            Venecia comparte con París el ser la ciudad soñada y el escenario del amor y el turismo prefabricado, pero mientras que la capital francesa es una ciudad cambiante, “Venecia cautiva porque ha quedado apartada de la acción de la historia” (Contarini). Lo que no significa que esté muerta. Del mismo modo que el interés por los caminos no transitados de la historia (dado el horror que el transitado produjo en el siglo XX) ha iluminado una tradición antimoderna que ha estado siempre como sombra acompañando a la modernidad, estamos hoy en mejor disposición de aprender de Venecia una manera de continuar el mundo clásico antiguo que fue despreciada y malinterpretada por la Europa de la Ilustración, la razón calculadora y el progreso.
            De las dos ciudades mencionadas y de un puñado más de ellas (Roma, Londres, Lisboa), todo el mundo tiene una imagen o, como ahora se dice, una marca. El viajero que quiera ir más allá de ella habrá de preguntarse qué es tal ciudad, del mismo modo que nos preguntamos quién es realmente una persona si queremos traspasar la etiqueta que socialmente lleva. La cuestión no es simple, pero tampoco eludible. Cuando se pulsa el asunto de la identidad o de la esencia, entramos en un laberinto como el de las calles venecianas. Habremos de escoger el hilo adecuado si no queremos perdernos. En relación a Venecia, este libro lo es. ¿En qué consiste esta ciudad milenaria a la que todo el mundo quiere ir? Ya lo hemos dicho: Venecia es un acorde. Un acorde que integra lo material y lo espiritual, la naturaleza y la arquitectura, las pasiones y la razón. La idea del alma como armonía, de procedencia platónica, supone que el hombre tiene distintas instancias, pero que deben concordar, ajustarse. La razón, una de esas partes, es la encargada de mandar en ese orden. Las pasiones han de supeditarse a ella, pero no suprimirse. Venecia entendió de ese modo la vida, y sus manifestaciones artísticas (su pintura, por ejemplo, frente a la florentina) así lo expresan. De ahí la importancia de la música, que integra lo sensible y sensual y lo espiritual en un todo que incluye a nuestra comunidad. La música veneciana vertebra esta obra, como vertebra Venecia.
             
Puede leerse aquí.



             
           
        

Reseña de Los archivos de Alvise Contarini

    En la revista Librújula aparece mi reseña sobre el libro de José María Herrera Los archivos de Alvise ContariniAquí puede leerse.


sábado, 25 de mayo de 2013

El Libro del Génesis

                                                                                                    
                                                                                 
  
El Libro del Génesis
Textos y pintura
Comentarios de José María Herrera
Editorial Edinexus

Whitehead dijo, y todo el mundo repitió luego (incluido yo ahora), que la filosofía occidental consiste en una serie de notas a pie de página de la filosofía de Platón. Menos conocida es la idea de George Steiner de que toda la literatura está habitada por la Biblia. Al margen de la idea que se tenga del mayor peso de la influencia griega o de la judeo-cristiana en nuestra cultura, nadie niega que la Biblia es, en cierto modo, el libro. Nos costaría encontrar, si la hay, una biblioteca que albergara todas las Biblias que en todas las lenguas y medios imaginables existen. Pero si en nuestra hiperbólica exigencia incluimos la bibliografía sobre este texto de textos, podemos ahorrarnos la búsqueda.
            Por todo lo dicho, un nuevo libro relacionado con la Biblia, como el que nos propone la editorial Edinexus, si bien cuenta con la importancia del texto base (el Génesis) se enfrenta inmediatamente a la objeción de la cantidad de páginas que ya hay impresas sobre el asunto. El sentido del libro tiene que venir, pues, dado por la adopción de una nueva perspectiva desde la que acceder a este primer libro de la Biblia. Esta novedad acaece debido a dos motivos: la concepción editorial y el autor, José María Herrera Pérez.
            En cuanto a la concepción de este libro, es sugerente y prometedora. Sugerente, porque se trata de comentar los capítulos del Génesis e ilustrarlos con obras maestras de la historia de la pintura, a su vez tenidas en cuenta en esos comentarios. Prometedora, porque abre la posibilidad de editar del mismo modo cuantos libros de la Biblia se consideren oportunos. Viendo la calidad de las reproducciones y de la edición en general, además de abrirse esa posibilidad, se abre el apetito y el libro deviene inicio de de lo que podría ser un proyecto.
            Darle contenido a esa concepción bien gestionada es el papel que asume José María Herrera, autor de la introducción, los comentarios y de la selección de pinturas. Y aquí este libro adquiere una poderosa razón de ser, porque nos encontramos con una profunda y original hasta lo sorprendente visión del Génesis, expuesta en la introducción y que sirve de guía en los comentarios. El autor se sitúa en un lugar a la vez distante de la racionalidad científica (representada en este asunto por el evolucionismo) y del creyente que no quiere ver la historia. Se piensa la Creación, no cosmológica, sino existencialmente, y entonces la reflexión empieza a degustar un jugoso sentido en el Génesis, que traicionaría si intentara desvelarlo en un par de líneas. Sólo adelantaré que asuntos como el trabajo, el dolor, la muerte, la perspectiva y, sobre todo, el tiempo, aparecen articulados en la interpretación del autor de un modo tan coherente como sugestivo.
            La elección de las pinturas es tan certera como variada, recorriendo la historia de la pintura desde la Edad Media hasta casi nuestros días. Imágenes conocidas y casi obligadas, como las de Miguel Ángel relativas a la Creación, se combinan con otras difíciles de olvidar una vez contempladas, como la del terrible cuadro de Hans Baldung Grien que aparece en la portada del libro, y con algunas menos conocidas como las tomadas del Salterio de San Luis, glosadas con el criterio de quien está familiarizado con los motivos y la historia del arte. En este apartado, hubiera sido acertado un índice de pinturas al final del libro.
            Releer de este modo el Génesis, recreado por pinturas bien reproducidas e inéditos comentarios, es una grata y excelente forma de volver a visitar la que, después de todo, siempre fue nuestra casa.
Juan Fernando Valenzuela Magaña