Artículo aparecido en el Jaén el jueves, 2 de abril de 2026.
EL ORIGEN DEL GÉNERO POLICIACO
Dado que este
mes de abril está vinculado al libro, me gustaría hablar de un género que
parece gozar de buena salud y que sospecho ha estado presente para no pocos
lectores en el comienzo de su gusto por la literatura.
La aparición
de una nueva idea, una nueva filosofía o un nuevo género literario es un
acontecimiento cuya importancia es difícil de exagerar. En la primera mitad de
la cuarta década del siglo XIX, Poe echa a andar por donde nunca antes se había
transitado. El año 1841 publica Los
crímenes de la calle Morgue, considerado el primer texto del género
policiaco. Otros dos cuentos, El misterio
de Marie Rogêt (1842-3) y La carta
robada (1845), comparten con él la presencia del detective Dupin y la
importancia en el origen de esta tradición literaria. Se trata de textos
fundacionales en los que pueden verse aspectos básicos del género. C. Auguste Dupin,
un joven caballero de excelente familia
que se ha empobrecido y vive de una pequeña renta, amante de la soledad y la
privacidad, resuelve los casos sin tocarlos, es decir, por mero análisis
racional: será el modelo del detective. El narrador es un amigo y admirador
suyo, como lo será el Watson de Sherlock Holmes. La oposición entre la
inteligencia excéntrica del detective y la convencional de la policía aparece
también en estos cuentos. Encontramos asimismo una solución sencilla, uno de
los principios de la ficción detectivesca que alcanza su más alto grado en La carta robada. En fin, los propios
temas tratados serán también canónicos, especialmente el tema del cuarto
cerrado.
Si
miramos ahora la relación del nacimiento y expansión del género con su contexto
histórico y social, encontraremos otro rasgo fundacional en este trío policial
de ases. En un mundo que estaba asistiendo al nacimiento de las grandes
ciudades (París y Londres, sobre todo), en las que la multitud era el lugar del
anonimato y de la ruptura de los antiguos vínculos de la comunidad, y en el que
el afán de catalogación y medición, de matematización del mundo, que la
modernidad llevaba en sus genes, encuentra o crea unos instrumentos tan útiles
a su objetivo como la antropometría o la huella dactilar, la figura de un
criminal que se oculta entre la multitud y de un detective que lo busca en ese
laberinto moderno están listas para dar lugar a un nuevo género. Walter
Benjamin ha relacionado en su estudio sobre el “flâneur” la amenaza que supone
la masa como asilo del asocial con el nacimiento de las historias de
detectives. Si Poe elige París como el escenario de esas tres primeras
historias fundacionales, no es por el motivo que aduce Borges, quien sostiene
que lo hace para subrayar el carácter fantástico, no realista, de estas
historias: París es para el lector de ellas algo exótico, como el lejano Oriente
para un europeo. Puede que el relato policial no sea un género realista, pero
no me parece esa la explicación de la elección de París como escenario. Yo la
veo en el hecho de que se trata de una gran ciudad y ese es el marco adecuado a
las historias detectivescas. El aspecto amenazador que tiene la multitud de una
gran ciudad es fundamental en el segundo de estos tres cuentos, El misterio de Marie Rogêt, donde se
habla de “la gran desproporción entre las relaciones personales (incluso las
del hombre más popular de París) y la población total de la ciudad”. Poe era
muy sensible a este hecho, como lo demuestra su cuento El hombre de la multitud, publicado el año anterior al del primer
cuento de Dupin.
Esto
nos lleva al contraste, también presente en estos tres textos, entre el
interior y el exterior o entre la vida privada y pública. Ese contraste aparece
de un modo manifiesto entre el carácter doméstico, aislado, del detective y el
mundo de fuera. También podemos verlo en la propia sustancia de la literatura
policiaca, como el secreto que se oculta entre la multitud, como el crimen
privado que ha sacarse a la luz, como la doblez del criminal antes de ser
reconocido.
Juan Fernando
Valenzuela Magaña
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